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El mirador natalicio

"Seré el faro de tus días, el cronista de tus horas"

Tierna efeméride

"Y me decían: '¿Qué haremos señor con aquellos que sin la luz no entienden el dolor?'"

Soy feliz. Es decir, en buena medida lo voy siendo, y a pesar del cabotaje azaroso, bogar en la vida me arrima últimamente a buenos puertos y me mantiene alejado de piratas y autoridades, al menos por el momento. Asignaturas pendientes siempre quedan Jesús, como la de acudir a mi cita con tu futuro, aún siendo puntual a todas las diarias que nos brindan las circunstancias. Son como los trozos de papel couche empapados en cola que van dándole forma a la figura, son capas pequeñas de uno mismo con las que definimos nuestro carácter y nuestras esperanzas, y es bueno que siempre queden láminas que añadir, aquí y allá, perfilando un volumen, apuntando un matiz. Pero algunas faltas pesan y uno desearía concluir esos detalles, tan claros en su mente creadora, para hallarse más lleno y más tranquilo.

Últimamente la tendencia "in crescendo" continúa sin más avatares que los de la vida. Hace un par de semanas que empezaste a cobrar con los pies tu autonomía, a esbozar un requiebro flamenco con el gesto de tus manos al son de los "cinco lobitos", o su versión francesa "Ainsi font, font, font / Les petites marionettes". Y ya estás estrenando un primer año, a la gregoriana, se entiende, no hablamos aquí de otros consabidos calendarios, que algún dia sacaré para tí, el juliano, el republicano {francés}, el islámico, el hebreo... ni de los más exóticos: chino, sirio, azteca, indio, maya... que también caerán en su momento.

Ayer, que casi es decir hoy, me regalaste una buena sesión de tu risueño rostro iluminado, a pesar de la fiebre que levemente aún te inquieta. Y ciertamente es de las más hondas alegrías que goza un servidor en estos tiempos que corre. Para ti tan solo será un divertimento, sentarte en la panza del tío {o rostro familiar intuido, que nada sabes a estas alturas de parentescos formales} seguir el ritmo de la canción, jugar al resorte con la cabeza y su nariz como palanca, tumarte hacia atrás buscando a tu padre o simplemente haciendo amago de contorsión, pedirle más leguas al caballito, tirarte por el sofá para volver después al abrazo tierno del barbado.

Al cabo del día, que no es sino el albor de tu añada {pedante pero cierto}, regreso a casa con los pesares difuminados por esa convulsión que tanto te asoma que es el baile y el ritmo. En la felicidad y sus sucedáneos siempre hay nubes, pero con igual certeza están los claros y los vientos liberadores, y hasta las albercas llenas, que de vez en cuando no están mal. Concluyo pues con el regocijo del que sabe bien conmemorado tu primer año en estos lares paradimensionales {y para los que no tanto}.

Con todo el cariño que sabe profesar.

... añadido brindado {acepciones a gusto del consumidor}
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Tu tío.

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